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Travel Week

Semana anual dedicada a los viajes.

  • CONSEJOS PARA HACER LA MALETA

    New in the jukebox

    Fotograma de Viaje a Darjeeling
    Si hace unos días escribía algunos consejos para transformar tu viaje de clase turista en uno de business, hoy quería hablar de algunas cosas que he ido aprendiendo para hacer la maleta y que también nos hacen a todos la vida un poco más fácil. Sobre todo ahora en verano que se viaja más o se va a varios destinos en periodos cortos de tiempo estos consejos pueden ser más útiles que nunca…
    1. Empieza por el pijama: lo primero que hago al hacer la maleta es meter el pijama y la bolsa de aseo. Así nunca se te olvidan estas dos cosas esenciales que te pueden complicar el viaje. Siempre mételo lo primero, así nunca se te olvida.
    2. La bolsa de aseo siempre hecha: esto lo he incorporado a mi rutina de viaje hace unos dos años y ha habido un antes y un después. El truco está en tener la bolsa de aseo siempre preparada, es decir, que el contenido de esta sea diferente al que utilizas habitualmente. Mete en tu bolsa de aseo un cepillo de dientes y una pasta para viajes, un desodorante, un formato pequeño de tu colonia y tamaños pequeños de tu champú y gel o muestrecitas de hotel. Mete todo lo que necesites: agua de lentillas, una caja de lentillas a parte un cepillo de pelo pequeño… Así cuando te salga cualquier viaje lo único que tienes que hacer es sacar la bolsa de viaje del armario y meterla en la maleta. En dos minutos lo tienes resuelto y así te aseguras de que nunca se te olvida el cepillo de dientes (mi némesis). El coste total de hacerte una bolsita de aseo de viaje es mínimo y el ahorro de tiempo, considerable.
    3. Lo que siempre viaja conmigo. Esta es una recomendación personal, pero yo allá a donde voy, sea de finde o para un mes, me llevo mi secador de viaje que va a buena potencia, se dobla, no pesa y lo resiste todo (lo compré en Amazon y es la pera). Es muy frustrante tener melena y pasarte dos horas bajo un secadorcillo de hotel a velocidad soplido.
    4. Planea y vencerás. La clave de una maleta bien hecha, como en muchas otras cosas en la vida, es planear antes de lanzarse a meter “por sis” a lo loco. Antes de hacer nada, siéntate y piensa cuántos días te vas, mira la previsión del tiempo y analiza un poco los planes que vas a hacer: ¿playa? ¿Cenas en sitios molones? ¿Campo? ¿Paseos por la ciudad? ¿Calor? ¿Frío? ¿Refresca por las noches? ¿Vais a caminar mucho? Teniendo esto en cuenta saca los conjuntos para cada día y ponlos encima de la cama, así puedes ver de una todo lo que llevas y ver cómo pueden combinar unas cosas con otras en caso de necesitar un día extra o por si quieres improvisar. Mete sólo lo que vayas a usar. Así todas las mañanas sabrás más o menos lo que ponerte y lo mejor, cuando llegues a casa casi todo será para lavar y deshacer la maleta será cien veces más fácil. Para mí una maleta bien hecha es aquella en la que cuando vuelves a casa te das cuenta de que has usado todo lo que te llevaste.
    5. Antelación es la clave. Yo en general, no soy de último minuto. Me gusta hacer las cosas con tiempo para no olvidarme nada y hacerme la vida más sencilla. Por eso intento hacer la maleta al menos una noche antes de marcharme, para así tener tiempo para meter las cosas que se me hayan podido olvidar. Con las mismas es imprescindible, antes de viajar, organizar con tiempo la logística del viaje: ¿hace falta pasaporte?, ¿lo tengo en regla?, ¿cómo se va desde el aeropuerto a casa de mi amiga/hotel?, ¿qué moneda se utiliza?, ¿tengo que llamar a mi banco para cambiar? ¿Hace falta visado? (La UE nos tiene muy mal acostumbrados y nos creemos que con el DNI en Guinea Ecuatorial vamos a todas partes), ¿Es un país seguro o tengo que llevarme la típica riñonera khaki y quitarme cualquier cosa que brille?, ¿tengo que ponerme vacunas? Parece obvio pero no es la primera vez que oigo que alguien no vuela por no tener el pasaporte con más de 6 meses de vigencia o que no hicieron el visado con suficiente tiempo. También es cómodo saber las horas de diferencia con respecto a tu país y qué tipo de enchufes utilizan para saber si vas a poder recargar la batería del móvil o de la cámara. La planificación te puede salvar de muchas.
    Foto de Free People
    6. Lo que nunca debes sacar. Yo siempre dejo dentro de las maletas una bolsa de ropa sucia y varias de zapatos. Es la típica cosa que siempre se te olvida meter y además, muchas veces no se qué hacer con todas esas bolsas que vienen con los zapatos y que luego resultan tan útiles cuando viajas.
    7. Lo que merece la pena comprar. Lo he dicho muchas veces, soy súper fan de las guías de viaje de Lonely Planet; duele un poquito gastarse 35€ en ella… pero una vez estás allí, yo jamás me he arrepentido. Te pueden sacar de un apuro cuando no sabes dónde comer pero quieres acertar, porque tienen hoteles y restaurantes para todos los bolsillos y nunca me han decepcionado (y he recorrido medio mundo probándolos, en serio!) y también porque son una perfecta y breve introducción al país que visitas, con un poco de historia y consejos útiles que puedes ir leyendo en el avión y que te dan un contexto de todo lo que vas a ver para meterte el gusanillo antes de aterrizar.
    Estas son las cosas que yo siempre suelo tener en cuenta a la hora de hacer la maleta. ¿Cuáles son los tuyos? ¿Lo metes todo en bolsas? ¿Tienes esas aspiradoras de aire para que te quepa más? ¿Qué cosas nunca faltan en tu maleta? Me encantaría saber!
    ¡Que paséis un gran verano de viajes y me contéis si habéis puesto alguno de los consejos en práctica!
    p.d: sobre un gran viaje de ligero equipaje.
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  • A Day in the Life

    New in the jukebox

     

    Hoy tengo un A Day in the Life muy muy especial porque es de una lectora que estando en Perú se lanzó a contarme su increíble rutina como profesora en un colegio en Piura, donde la vida se mide en otros términos y las emociones humanas están a flor de piel. Bienvenidos a la rutina de María y todas sus impresiones sobre el caótico tráfico, la increíble comida peruana, el choque del tercer mundo y las diferencias de un idioma igual pero distinto…
    ^^^^

    ¡Hola! Soy María. Estudio magisterio de primaria y tengo 22 años. Aunque vivo en Madrid, en febrero comencé una nueva aventura: hacer las últimas prácticas de la carrera en Piura, una ciudad al noroeste de Perú.
    6.45 am: ¡Todo el mundo arriba! En Piura la vida empieza temprano para
    aprovechar las horas más frescas (dejémoslo en que son las de menos calor :D).
    Y es que Piura se conoce como “la ciudad del eterno calor”. Estamos viviendo el
    verano más largo de nuestras vidas. ¡Hasta los colegios comenzaron el curso una
    semana más tarde que en el resto del país esperando a que bajaran un poco las
    temperaturas!
    En
    casa vivimos cinco: cuatro estudiantes de la Universidad Autónoma de Madrid (las
    dos Lauras son profesoras de infantil y Lucía y yo de primaria) y Pascu, una
    señora peruana que cuida de nosotras y nos cocina comida peruana. La fundación
    con la que firmamos el convenio tiene alquilada esta casa y los extranjeros que
    venimos a hacer distintos proyectos siempre tienen aquí su “refugio”. Vivimos
    en una zona bastante buena y muy cerquita de la Plaza de Armas. De hecho, desde
    nuestra estupenda terraza tenemos vistas a la catedral.
    7.40 am: Liz, nuestra taxista, nos espera para llevarnos al cole. En Perú hay
    muchísima variedad de medios de transporte: taxis, combis, motos lineales,
    mototaxis (como los tuk tuk en la India), colectivos (taxis compartidos)… Todos
    muy baratos comparados con el precio de Madrid.
    Sobre el tráfico: el
    tema del tráfico en este país es una de las cosas que más me ha sorprendido y
    al que aún no me acostumbro. En Piura casi no hay señales de tráfico ni
    semáforos; las calles son de dos o tres carriles (sin pintar); y, por lo general, en
    lugar del intermitente los conductores sacan el brazo para indicar (si lo
    hacen) hacia dónde se dirigen; o tocan el claxon en vez de frenar (el primero
    que pita tiene preferencia en los cruces). Lo de cruzar la calle (incluso por
    el paso de cebra) es jugarse la vida, ¡porque te pitan y no paran! Creo que
    tienen un sexto sentido especial para la conducción, pues no entiendo cómo no
    hay más accidentes cada día con ese caos. Al final todos se entienden.
    8.00 am: Empiezan las clases en el colegio. Doy clase en sexto grado y tenemos
    matemáticas. Para introducir el tema que vamos a empezar a trabajar, tienen que
    resolver de forma gráfica y numérica una situación problemática en grupo.
    Posteriormente siempre hay un representante del grupo que sale a exponer el
    proceso y el resultado. La verdad es que lo hacen muy bien y muy tranquilos, y
    a la vez que aprenden unos de otros y se corrigen, también se acostumbran desde
    la escuela a hablar en público y hacer presentaciones (¡qué bien me hubiera
    venido a mí, que lo pasaba fatal cuando tenía que exponer mis trabajos en los
    primeros años de universidad!).
    Sobre los asentamientos humanos: el
    colegio se encuentra en uno de los asentamientos humanos de la ciudad. Son como
    barrios que se han ido formando a partir de la llegada de personas que se
    asentaron en el lugar y construyeron sus casas. Al principio con una especie de
    rafia y posteriormente, cuando vieron que el gobierno no les echaba, con
    cemento y ladrillos. Posteriormente han llegado el agua y la electricidad a
    este asentamiento, aunque los más nuevos (como en los que se encuentran algunas
    de las ludotecas a las que vamos por las tardes) no tienen tanta suerte.
    Sobre la pobreza: es
    un colegio estatal y los alumnos proceden de familias con pocos recursos.
    Muchos son niños difíciles, pero me he dado cuenta de que lo único que necesitan
    es apoyo y mucho cariño. Sus historias me ponen los pelos de punta, pues muchos
    ven y viven situaciones de violencia cada día en su entorno más próximo.
    Conseguir que se sientan motivados por aprender cada día es un reto; pues no
    sólo hay que luchar contra la grave falta de recursos con la que tiene el
    centro (el día que llegamos faltaban puertas en muchas clases y no había
    pupitres para todos los alumnos), sino también contra una sociedad que no se ha
    dado cuenta aún de la importancia de la educación en el futuro de las personas.
    10.30 am. ¡Recreo! Media hora de descanso en la que normalmente charlamos y
    jugamos con nuestros alumnos. Me gusta que me cuenten sus historias, además de
    que a ellos les gusta sentirse importantes y escuchados. Pero sobre todo, les
    gusta preguntar: sobre España, sobre el fútbol, sobre mi vida allí, mi familia
    y amigos… Para muchos es la primera vez que tienen contacto directo con
    extranjeros, y todo les sorprende y apasiona.  ¡Mis ojos azules nunca han causado tanta
    expectación!
    Sobre las diferencias del idioma: otra
    cosa que también les sorprende mucho es nuestra forma de hablar. Dejando de
    lado el hecho de que a principio de curso nos confundieron con las profesoras
    de inglés y nos saludaban en inglés, muchos nos piden que les enseñemos a “hablar
    español”. Es divertido ver cómo un idioma puede llegar a ser tan distinto hasta
    el punto de que los primeros días mis alumnos no me entendían. Decían que
    hablaba “raro”, muy rápido, y con la lengua fuera (cuando pronunciamos la “c”).
    Palabras como “vale”, “andar” o “majo” ya las han aprendido. Y nosotras ya
    hemos incorporado a nuestro vocabulario otras tantas como “chelas” (cervezas),
    11.00 am. Después del recreo nos encargamos de la biblioteca. Cuando llegamos
    era una sala llena de libros de texto, sin apenas literatura infantil y que se
    usaba básicamente como almacén. Poco a poco la hemos limpiado y decorado con
    varios carteles que hemos pintado, hemos catalogado libros de literatura que
    han ido llegando, y ahora ya parece más una biblioteca.
    12.30 pm: ¡A comer! Cuando llegamos a casa Pascu ya nos ha preparado la comida. Hoy
    toca: pescado y yuca frita, que sabe parecida a las patatas fritas. Incluso
    mejor 🙂
    Sobre la cocina peruana: la
    cocina peruana está muy de moda y los peruanos muy orgullosos de ello. No me
    extraña. ¡Está buenísima! Aunque nos ha costado un poco acostumbrarnos a eso de
    comer arroz con todo, lo cierto es que tienen una gran variedad de platos
    típicos. ¿Mis favoritos? El ceviche, la causa, las papas rellenas, la papa a la
    huancaína o el ají de gallina (a Pascu además le sale buenísimo).
    Antes
    de irnos a las ludotecas, un rato de estudio: para que la universidad nos
    convalide las prácticas, al igual que nuestros compañeros en Madrid, tenemos
    que hacer un informe de prácticas (como una especie de diario en el que ir
    reflexionando sobre el día a día en el colegio y las situaciones a las que nos
    vamos enfrentando) y el TFG. A veces hace tanto calor en casa que nos damos un
    “lujo” y vamos a d’Pauli (definida por los piuranos como la mejor pastelería de
    la ciudad) a tomarnos una tarta o un zumo y aprovechamos para tener mejor
    conexión y aire acondicionado 😉
    15.45 pm: Cojo la combi hacia la ludoteca. Como ya os he comentado, son una
    especie de microbuses (a veces furgonetas tuneadas) que siguen rutas
    determinadas (aunque sin horarios) en las que te puedes subir y bajar en
    cualquier punto, y cuestan siempre un sol (menos de 30 céntimos de euros, vayas
    donde vayas). En ellas siempre hay, además del conductor, un chico que va cantando
    las paradas y el destino, con medio cuerpo fuera y metiendo prisa cuando
    alguien sube o baja porque legalmente sólo pueden parar en los lugares
    establecidos
    Las
    ludotecas se encuentran también en asentamientos humanos, aunque estos, como
    podéis ver, son bastante peores. Donde me deja el autobús es una zona que sirve
    como vertedero cerca de la carretera. Las casas son todas bajas y muy
    precarias, y a veces algunos niños vienen descalzos. Las
    ludotecas en las que participamos como voluntarias pertenecen a una red que
    coordina el gobierno regional de Piura. Funcionan gracias a la participación de
    voluntarios y a donaciones de diversas organizaciones que envían juguetes,
    libros y diversos materiales. Sin embargo, la situación de muchas de ellas no es
    muy buena: esta de hoy cuenta únicamente con una bolsa de juguetes, no hay
    mesas ni sillas, y no tiene un local en el que poder desarrollar las
    actividades. Ese poco material se guarda en la casa de la coordinadora, y
    jugamos en su porche o en el descampado de arena que hay frente a ella.
    Sobre el choque con el tercer mundo: cuando
    llegamos empiezan a salir de las casas de alrededor los niños y se van
    acercando, algunos un poco tímidos al principio, pero siempre con una sonrisa y
    ganas de jugar. En algunas de las zonas que hemos visitado las condiciones son
    tan malas que los niños incluso tienen sarpullidos o problemas en la piel. Es
    aquí cuando te das cuenta de que no es sólo cosa de los documentales. El tercer
    mundo existe; es real y tiene nombres y apellidos. Es duro darse cuenta de que
    en tres meses no podemos cambiar el mundo, pero por lo menos nos queda la
    certeza de que el tiempo que hemos estado con ellos lo han disfrutado y han
    sido lo que tienen que ser: niños.
    19.00 pm: Después de la puesta de sol desde la terraza (uno de mis momentos
    favoritos a lo largo del día)… ¡Al gym! A quemar la poca energía que nos queda.
    Por suerte está cerca de casa y no nos da tanta pereza ir todos los días. Es
    otro de esos pequeños lujos que no todos pueden permitirse: cuesta lo mismo que
    en España.
    Sobre el sobrepeso: en
    Perú hay muchas personas con sobrepeso. La alimentación se descuida bastante en
    cuanto a variedad de grupos de alimentos y se toma (cuando se puede) mucha
    cantidad. Además, el deporte no es una práctica asentada entre la población y no
    se promueve en las escuelas. ¿Os podéis creer que en las escuelas de menos de
    15 aulas de primaria son los padres los que pagan al profesor de Educación
    Física si quieren que sus hijos hagan esta asignatura?
    21.00 pm: Los días son duros y no paramos ni un momento, así que a estas horas
    sólo nos quedan fuerzas para una ducha, cenar, y una charla en la terraza antes
    de dormir.
    Tras
    tres meses aquí me doy cuenta de lo mucho que he aprendido y experimentado en
    tan poco tiempo. Es una experiencia única y de la que, a pesar de tener
    momentos duros, estoy muy agradecida por haber tenido la oportunidad de vivir.
    Me quedo con la gente y todo lo que he aprendido de ellos, que es sin duda
    mucho más de lo que yo haya podido enseñar. Compartir cuando no se tiene nada;
    dar cariño y sonreír de la manera más sincera; hacer sentir como en casa a
    personas que vienen de muy lejos; luchar contra cualquier adversidad a favor de
    la educación de los niños; sentir de verdad; reflexionar sobre la injusticia en
    el reparto de recursos; trabajar duro por el futuro; creer en aquellos a los
    que todos han dado por perdidos (y que te demuestren que son capaces de todo
    con cariño y un poco de apoyo); son algunos de los aprendizajes que me llevo en
    la maleta y que no se enseñan en las aulas de la universidad. Por suerte son
    cosas de las que nunca se tiene sobrepeso 😉 Me alegro mucho de haber venido y
    aunque me queda poco tiempo aquí me voy con unas ganas enormes de seguir
    poniendo mi granito de arena para cambiar el mundo a través de la educación.
     ^^^^
    Un millón de gracias María por compartir tu rutina y también por dejar tu gotita de contribución en el mundo (una de tantas!) e inspirarnos a todos! Crack!
    p.d: A Day in the Life cuenta ya con muchos países y ciudades: Luxor (Egipto), Pekín (China), Phnom Penh (Camboya), Milán, Helsinki, Toledo y Madrid.
    p.d 2: hoy aparezco en el blog In Fashion With You junto a dos viajeras hablando de mis lugares de vacaciones favoritos en una entrevista por si os apetece echar un vistazo! 🙂
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  • Travel week: un año sabático en familia

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    Foto de Courtney y su familia por Andrew Crowley para The Telegraph
    La semana pasada, Courtney lanzó un notición: se va a tomar junto a su marido y sus cuatro hijos, un año sabático viajando por el mundo. Sacará a sus hijos del colegio y empezarán a viajar desde el Reino Unido a Norte América, después Sudamérica, Australia, Nueva Zelanda y el Sudeste Asiático para finalmente acabar por Europa y volver a Londres el verano que viene. ¿Qué os parece? Dice que es algo que siempre ha querido hacer y que cree que es el mejor momento porque los niños crecen muy rápido y pronto dejarán de hacer viajes juntos o será más difícil.
    He de decir que su plan me encanta pero ha dejado sorprendida y pensando. Por un lado, me parece la bomba que se haya atrevido a romper con su rutina y lanzarse a una aventura así convenciendo a su marido, especialmente porque creo que siendo madre de cuatro hijos, tomar una decisión de estas locas teniendo a tanta gente dependiendo de ti no ha debido ser fácil. Por otro lado, me parece una decisión tan de “blogger” que me asusta. Cuatro niños, la humedad de Tailandia, los mosquitos, el mal de altura en Cuzco, el cansancio, los cambios de horario, lo pequeños que son, la convivencia 24/7 con ellos y con tu marido… Me parece una experiencia brutal pero de un esfuerzo titánico para todos aunque desde luego enriquecedora, porque lo que no nos mata nos hace, sin duda, más fuertes. Sea como sea, el hecho de haber tomado la decisión ya me parece un recuerdo de familia épico.
    Toda la suerte y el mejor de los viajes para la valiente familia Adamo, muchas gracias por compartir algo tan especial con nosotros. 🙂
    ¿Vosotros lo haríais? ¿Habéis pasado un año sabático solos o en familia viajando por el mundo? A mí me encantaría. ¿Os daría miedo dejarlo todo?
    p.d: si tenéis más curiosidad por su aventura, Courtney lo explica todo en esta entrevista.
    p.d 2: la idílica vida de campo de Amanda Brooks.
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  • TRAVEL WEEK: CONSEJOS PARA VIAJAR MEJOR

    New in the jukebox

     

    Como cada año y aprovechando que las vacaciones están cada vez más cerca, vuelve la Travel Week a June Lemon! Es una semana temática dedicada por completo a los viajes y, pensando la última vez que lo hice cuando estuve en China, quería inaugurarla con algunos consejos prácticos que te hacen la vida más fácil y que he aprendido con los años y con las millas.
    Si hay algo pereza de viajar, es el vuelo en avión: los aeropuertos, las esperas, la clase turista sin espacio para las piernas… Pero yo ya me he vuelto una experta en hacer este trance lo más agradable posible y por eso quiero compartir siete trucos para transformar tu asiento de fila del centro (asiento por supuesto, del centro) en tu propia business class

    1. Antes de salir, prepárate tu propio neceser de business: mete en una bolsita un antifaz, calcetines gordos para relajarte, un cepillo de dientes, colonia, toallitas húmedas, un espejito, líquido y caja de lentillas o cualquier otra cosa básica e indispensable en tu vida. Créeme que cuando sacas tu antifaz de profesional del viaje dejas ojiplática a tu fila y empiezan a asentir lentamente en señal de aprobación. Por no mencionar lo bien que sienta poder asearte y sentirte un ser humano digno después de 12 horas desnucándote y oliendo a curry.
    2. Prepárate un picnic: si hay algo más deprimente que los asientos del centro de la fila 58 del avión, es la comida. Aunque la cosa ha mejorado mucho, a mí me encanta llevarme cosas ricas a la ida, como jamón, queso, tostadas o sandwiches buenos de casa, pedir un vino y disfrutar haciendo el aperitivo/ comida cuando a ti te de la gana. Además así duele mucho menos cuando la azafata te dice que ya no les queda pollo y te toca tomarte una lasaña rancia.

     

    3. Haz una foto de tu pasaporte y envíatela a tu email: los viajes tienen un componente de incertidumbre inevitable, nunca sabes qué te puede pasar, dónde se te puede caer o dónde te pueden robar la información más valiosa. Por eso, para prevenir y no sentirse tan desprotegido en caso de que alguno de estos sucesos ocurriera, tienes una copia de tu pasaporte accesible desde tu email en cualquier lugar con acceso a Internet del planeta para poder ir a la comisaría y facilitar los posibles trámites.
    4. Nunca lleves todo el dinero junto: una vez más, como nunca sabes lo que puede pasar, reparte tu dinero en dos o tres sitios diferentes para asegurarte de que siempre tienes un pequeño depósito de emergencia.
    5. La maleta de mano: es el mejor invento del planeta para el viajero y no sólo porque se pueda meter en vuelos low cost y te ahorre los 20 minutos de espera en la cinta de recogida de equipaje. Cuando viajas muy lejos y cabe la posibilidad de que no llegue tu maleta, yo siempre llevo algo de ropa y una muda de emergencia para no quedarme con lo puesto. El objetivo es mitigar todos aquellos imprevistos que te puedan “amargar” o hacer más difícil el viaje. Aunque estas cosas también forman parte de la aventura!

     

    6. La prenda clave: un foulard. Yo no me voy ni en verano sin uno. Son el accesorio más versátil y útil del mundo, lo puedes usar de almohada en viajes en bus de trillones de horas, como manta porque dios sabe el frío que hace en los aviones y como foulard, para protegerte la garganta y no llegar con unas anginas pidiéndote una baja.
    7. Los extras: hay algunas cosas clave que también te hacen el trayecto mucho más llevadero. Yo siempre me llevo mis propios cascos bien aislantes del sonido para asegurarme de que no oigo el avión y que puedo escuchar mi música o las pelis y evadirme del mundo. Todos aquellos que han luchado contra el sonido de los cascos que dan en Renfe y han acabado llorando un poco por dentro sabrán de la importancia de este accesorio. Además también llevo siempre un jersey y calcetines (nada de sandalias, eso es Siberia!), una batería extra por lo que pueda pasar y un libro para entretenerme. Los clásicos, vamos.
    Y ya de colofón a este comienzo de semana, tengo el placer de ofreceros, porque nunca está de más en vacaciones, un descuento Atrápalo de 10€ para todos los planes de viajes de la web. Un detalle de mi parte en cualquier cosa que me permita contribuir a un mini trocito de vuestras farras veraniegas! Y que, con suerte, os peguéis un baño a mi salud!
    ¿Qué es lo que siempre lleváis vosotros? ¿Algún consejo más? Me encantaría saber!
    p.d: más consejos de Junetravel weeks anteriores y el truco para que las relaciones largas sigan siendo una aventura.
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  • TRAVEL WEEK: GALICIA

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    travel-week-galicia.JPG
    Esta foto la tomé en el jardín de Federica &Co
    Hoy la Travel Week ha dado un giro inesperado debido a la tragedia del descarrilamiento del tren Madrid- Ferrol en Santiago de Compostela. Esta semana va de viajes y como todas las cosas en la vida, en los viajes exite un riesgo arbitrario, te vayas a Sydney o a Ferrol. Un cóctel de factores y azar que no podemos controlar y que a veces, es devastador. Yo haré el Camino de Santiago este septiembre y cogeré ese mismo tren, cojo todos los fines de semana el ave a Alicante… Podría haber sido cualquier tren, cualquier destino, cualquiera…
    Todo mi apoyo, pensamientos y oraciones están con el accidente de Galicia.
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  • TRAVEL WEEK: LOS CURSOS DE ÁLVARO SANZ

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    Ya sabéis que yo soy doña cursos, jeje. Me encantan. Y este está primero en la lista para cuando consiga reunir los suficientes días de vacaciones (con lo que me gusta viajar, estoy a dos velas). Sobre todo me encantaría asistir al de la ruta de la lavanda… ¡Qué planazo! Este fotógrafo me lo descubrieron las chicas de Butter & Fly que se las saben todas. 😉
    En los cursos de Álvaro Sanz se combinan dos pasiones: la fotografía y viajar. Los cursos se realizan en diferentes partes de para España, Francia o Portugal y cada día aprendes algo nuevo sobre fotografía, practicando una técnica diferente y en diversos entornos. Más que un curso es una experiencia completa (en algunos de los cursos ¡hasta duermes en una Abadía!). Estoy deseando hacer uno y si tenéis un amigo al que le guste mucho la fotografía este sería el regalazo perfecto, ¿no creéis?

     

    Álvaro Sanz es el artífice del precioso vídeo de Nona Bruna que os enseñé la semana pasada y también es pareja de Mónica Bedmar, que también hace unas fotos increíbles y que ha fotografiado todos los cursos Kinfolk a los que he asistido.

     

     

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