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Los domingos

Los domingos han significado diferentes cosas para mí en los últimos tiempos. Si tomamos como referencia el último post que escribí el año pasado a 7 de enero; es decir hace ahora un año y algo más de un mes, los domingos me daban bastante miedo. Como antesala del lunes, me sobrevenían unos nervios desde por la mañana y mi cuerpo se agarrotaba de la nuca a la espalda, encorvándome; intuyendo lo que la semana habría de traerme. Escribiendo ahora desde el futuro, puedo deciros que el odio a los domingos que en aquel entonces era tan fuerte duró, desde mi último post, unos pocos días más.

Durante la siguiente mitad del año podríamos decir que los domingos fueron días alegres. Muchos de ellos preparando junto al que ahora es mi marido, la que iba a ser nuestra boda. Muchos de ellos también transcurrieron viajando por aquí y por allí. Podríamos decir que esos seis meses siguientes a la última vez que escribí mis domingos fueron divertidos, repletos de contenido. Fue como si estuviera escribiendo a toda prisa las últimas líneas del cierre de etapa antes de la fecha límite del 29 de junio; como si en vez de casarme me fuera a morir, no sé si os ha pasado a vosotros también.

Tras esos meses, llegó el verano y todos los días se convirtieron en domingo. Para vuestra tranquilidad, ¡seguía viva! Después llegó el otoño y con él nuevos domingos, quizá los más felices hasta ahora; contagiando los últimos seis meses de este hiato de silencio. Domingos tranquilos, sin prisa, por Madrid, sin presión de la nuca a la espalda, sin pensar en mañana o ayer. Creo que han sido los domingos más felices de mi vida.

La arquitectura de estos domingos es sencilla: me despierto, preparo café en mi juego favorito mientras escucho, medio dormida aún, un podcast elegido al azar del Hotel Jorge Juan con las siempre interesantes reflexiones que proponen Javier Aznar y sus invitados. A veces salgo a correr con mi marido. A veces desayunamos tan largo y tendido que casi se nos junta con la comida o salimos a pasear o tomamos un aperitivo multitudinario en Olavide o a veces, sola, escucho cualquier lista de Spotify mientras pongo las lavadoras de la semana, haciendo reset.

Los años, han hecho de los domingos para mí una rutina sagrada en la que a partir de cierta hora ya no me gusta quedar con gente, me dedico a otras cosas: cine, series que lo petan en Twitter y que me tienen muy ocupada, vaguear, preparo lo de mañana, leo (ahora) La España vacía, viaje por un país que nunca fue (texto a mi juicio obligatorio para cualquiera) o, desde hace un par de domingos, organizo todas las fotos de momentazos de este último año y algo más de un mes.

Ahora que ya he puesto todos los recuerdos en orden, he tenido tiempo de vivir cosas nuevas para volver a contarlas, he iniciado proyectos y terminado otros que han requerido toda mi atención y que después de todo, me han traído hoy de nuevo hasta aquí, a este último domingo, en el que he vuelto a escribir.

Nos leemos,

June

Fotografía de Cuatro Peras Conferencia de Pedro Almodóvar.

8 comentarios

Escribe un comentario
  • Pilar

    Encantada de volver a leerte

  • Soledad Camps

    Qué placer leerte de nuevo, Marina.
    Ojalá hayas vuelto para quedarte.

  • Sandra

    Con tus reflexiones de domingo, el domingo es menos domingo. Welcome back.

  • Isabel

    Ya era hora, bienvenida!

  • ENG

    Te echábamos mucho de menos, June.

  • A veces pasan cosas mágicas como estas…que vuelvas a escribir, porque yo, te echo de menos. Justo hoy, de ahí lo de mágico, escuchaba en un podcast que cuando uno lo pasa mal o tiene una época chunga, ha de hacer las cosas que le hacían feliz antes, aunque sea sin ganas. Se me vino a la cabeza cuando leía a menudo tu blog, esos post tan diferentes que te hacían y hacen especial. Y abro instagram y ¡oh! la vida me sorprende viendo que has vuelto a escribir. ¿Es o no es magia?

  • ¡Un placer volver a leerte! Me uno a los deseos de que tu vuelta sea para quedarte 😘

  • Silvia

    Bienvenida! Leerte de nuevo me hace muy feliz! Siempre un placer 🤗





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