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La importancia de aburrirse

New in the jukebox

 

¿Cuándo fue la última vez que te aburriste?
Siempre me acuerdo que las mejores historias de mi primo Javi empezaban con “un día que me aburría maaaaaaazo…” y terminaban con “me compré un caimán y lo metí en la bañera” o “construí una moto de piezas usadas”. Desde luego el aburrimiento no es siempre tan productivo como el de mi primo pero hace poco leía que esa necesidad que tenemos de escapar del presente (es decir de no aburrirnos nunca) es una de las principales fuentes de infelicidad.
Muchos eruditos y artistas defienden el poder creativo del aburrimiento. De pequeños, todos recordamos algunos momentos de aburrimiento intenso en los que simplemente no pasaba nada. Eran esos espacios vacíos en los que la actividad anterior se había acabado y aún no había empezado a pasar lo siguiente interesante. ¿Qué hacemos ahora? Solíamos preguntar a nuestros padres. Ese momento extraño en el que deseabas desear algo pero no había nada en concreto. Pues resulta que esos momentos son algunos de los más creativos en tu vida infantil y que además te enseñan una lección sobre la vida: que no todo es un constante estímulo, un continuo festival de divertimento y cosas interesantes que ocupen tu mente. Hay ratos en los que simplemente toca dejarla vagar… y buscarse las castañas.

Foto del Doctor H. Gilbert para National Geographic
Es aquí, cuando ya no sabes qué hacer, cuando se te ocurren, de niño y de mayor, algunas de las mejores (o peores) ideas: tu mente vaga por pensamientos a los que de otra forma no hubieras prestado atención, te fijas en la gente, buscas formas nuevas de que pase algo y abandones ese estado en el que no pasa nada.  El problema está en que a los adultos nos suele dar pánico aburrirnos y además está mal visto porque “siempre hay algo que hacer”. Yo he de confesar que a mí misma me da bastante cosa no hacer nada y que siempre encuentro un libro o una foto en Instagram o una afición olvidada con la que ocupar mis ratos libres. Todo el día auto-imponiéndome tareas. Aburrirme me angustia en cierto modo y aún así intento forzarme a no estar siempre ocupando en algo cada minuto de mi vida, creo que es importante aprender a aburrirse.
Dice el psicólogo Adam Phillips que el aburrimiento es la forma que tiene el ser humano de racionalizar la idea de esperar algo que no sabes qué es ni cuándo va a llegar, sólo sabes que quieres cambiar de estado. El aburrimiento lejos de ser un handicap, puede ser una oportunidad. Creemos hoy en día que ser bueno es ser productivo y por eso nos pasamos el día envueltos en negocios y distracciones. Evitamos el aburrimiento y la pasividad y en realidad haciendo eso nos quitamos presencia. Estar presentes en nuestro aquí y ahora. Nos pasamos el día pensando en qué vendrá, que será, lo que esperamos… en vez de centrarnos en lo que es. Lo que está siendo. Parece que, si paramos un segundo y dejamos de hacer lo que estemos haciendo, ya no sabemos quienes somos.
¿Vamos a dejar que sea sólo nuestra actividad la que nos defina? Es interesante pararse a pensarlo… 🙂 Voy a intentar mejorar este verano y desde hoy el dificilísimo arte de estar presente.
¿Hace cuanto que no esperas una cola sin mirar el móvil? ¿Que no ves un programa sin mirar cualquier red social? Qué difícil es, ¿verdad?
p.d: sobre la incertidumbre y tampoco hay que estar contento todo el rato.

14 comentarios

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  • El hecho de trabajar en una ciudad distinta de la que vivo y, por lo tanto, de tener que desplazarme en autobús todos los días ha estimulado mi creatividad muchísimo. Y es precisamente por lo que tú dices: porque me aburro. Por las mañanas, entre que me duermo y no, me quedo en trance, sin hacer nada, y es cuando se me ocurren las mejores ideas.

    Y como suelo llegar pronto a la parada del bus (por si acaso jaja), me toca esperar, y siempre trato de no sacar el libro, no mirar el móvil… así que me dedico a mirar a los pajaritos del árbol de enfrente y a fijarme en la gente que pasa. Termina siendo muy productivo 🙂

  • Ufff! La verdad es que sí, a mí también me cuesta horrores eso de aburrirme… Y me da muchisímo coraje porque antes no me pasaba, me podía entretener mirando un mosquito y nada más!! Y ahora no mirar el móvil cuando estás parada en el semáforo se convierte en un suplicio: "¿lo miro no lo miro? Nooo, no lo mires, mira a tu alrededor… Y así estoy todo el "ratito libre"…Lo seguiré intentado… (Muy bueno, el post 😉 )

  • De esos "ratos muertos" salen las mejores ideas, porque yo tampoco sé estar sin hacer nada!
    Un beso y enhorabuena por el post, una gran reflexión

  • Me divierte pensar que te escribo esto mientras tu lectura me acompaña en mi paseo en metro en este día gris. Soy consciente de la productividad de esos momentos, e intento mimar mi aburrimiento mientras paseo o recorro la ciudad. Bajo tierra soy incapaz (por ahora) pero seguiré trabajando en ello. Aunque debo añadir que es ese mismo aburrimiento el que me provoca un terrible sentimiento de culpabilidad al pensar que no estoy sacando partido a ese tiempo "supuestamente perdido"…
    He disfrutado mucho de tu reflexiòn.

  • Cuantíiiiiisima razón tienes! Cuánta falta nos hace aburrirnos un poco….Genial Marina! Un besote!

  • Yo tengo pánico al aburrimiento, pero se que es un espacio fértil. Cuando mejores ideas se me ocurren es cuando me despierto los fines de semana (suelo ser casi siempre la primera) y el resto de la familia sigue durmiendo y me dedico a dejar vagar mi imaginación hasta el infinito.
    También reflexiona sobre el aburrimiento Rafael Santandreu en su libro "El arte de no amargarse la vida".

  • Tengo que poner un poco de esto en mi verano… Y así me entrenó un poco! 🙂

  • La sensación de aburrimiento es un poco desconcertante y puede llegar a abrumar, en mi caso me nubla la mente y no me deja ver mas allá. Tendré que practicar…

  • Pues yo soy una fans del aburrimiento, aunque más que aburrimiento, me lo tomo como momentos de no hacer nada, de parar la cabecita, de observar todo y a veces nada…
    Supongo que el carácter de cada uno también influye, pero yo lo recomiendo! 😉

  • Soy de las que piensan que el aburimiento a veces es una suerte. Tenemos, los adultos, tendencia a que no nos vean solos paseando, o en el cine, o parandonos a mirar algo fijamente, a sacar la curiosidad. Parece que eres un marginado, cuando a veces lo que haces es disfrutar de ese regalo que se llama tiempo para ti mismo, y en ocasiones silencio.
    Como siempre un post muy acertado!!

    Ivana

  • No te imaginas cuánto me ha gustado esta entrada!!

    Es algo que llevaba tiempo pensando… Me asusta ver a los niños de hoy en día, siempre tan ocupados, tan estimulados, tan protegidos y a menudo tan consentidos que ya nunca tienen esos ratos de aburrimiento… No es la primera vez que leo sobre la importancia de esos momentos de no saber que hacer en la infancia y de lo productivos y beneficiosos que pueden ser para la creatividad y el aprendizaje del niño…

    Como me acuerdo de esos "Mamáaaaa me aburroooooooo" y ella me respondía "Orina pollinooo" (y yo lo odiaba) pero al final siempre se me acababa ocurriendo algún entretenimiento!!

    Me ha gustado que todo esto lo traslades a nuestra vida de adultos… Es una buena reflexión… parece que no podemos parar, que nuestras cabezas siempre tienen que ir al 200%… A veces, deberíamos volver a experimentar ese aburrimiento de cuando éramos peques!

    Un saludo!
    Bego 🙂

  • El aburrimiento me parece fundamental para ordenar ideas, crear, imaginar, etc. Y para los niños, es imprescindible, cuando mis hijas me dicen que se aburren, yo siempre les digo que es bueno aburrirse 🙂
    Muy buena reflexión!
    Bss 🙂

  • Dejar el móvil a un lado tengo que reconocer que me resulta muy complicado … y es verdad que en esos momentos surgen ideas, a mi a veces me pasa por la noche cuando me cuesta dormir ; )

    muacarmen.blogspot.com

  • Me ha gustado mucho tu reflexión y la comparto al 100%. Hace 2 años no podía parar ni un segundo, siempre ocupada en alguna tarea y, mientras la hacía, pensando en la que venía después. Por la noche, era incapaz incluso de sentarme a mirar la tele porque me parecía una pérdida de tiempo. Después me puse enferma y me pasé muuuchos meses sin poder hacer "nada" y esto me frenó de golpe y me hizo darme cuenta de cómo funcionaba antes. Ahora, que estoy recuperando la actividad aunque no con el mismo ritmo que antes, lo que más procuro es, precisamente, estar presente en todo lo que hago y disfrutar de cada actividad, y me he dado cuenta de que incluso lavar los platos y hacer la cama puede ser una actividad bonita y "meditativa", en lugar de algo que hay que hacer cuanto más rápido, mejor, para poder pasar a una cosa más productiva.
    No siempre lo consigo, claro está, pero sí he observado un cambio muy importante en mí que me ha dado mucha más paz y satisfacción. Vaya rollazo, no? jeje, debía estar inspirada…1beso bonita