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UN FINDE DE CAMPO

New in the jukebox

 

 Este puente de mayo me fui a pasar unos días con mi amiga Carlota a Candeleda, un pueblecito cerca de Gredos que merece la pena visitar. Es literalmente, como teletransportarte a La Comarca. Sólo que sin hobbits. Total, que me puse fina a comer bien y natural, a dar paseos por el campo, a charlar, a sentarnos delante de la chimenea y a ver todo tipo de animales de la zona campando a sus anchas. Me lo pasé como una enana.

Una de las cosas que más me gustó de estar allí es que cada día comimos y cenamos en casa de algún vecino diferente: el dueño ponía el plato principal y los demás invitados traían productos de su propia huerta o un vino. Nosotros llevamos huevos frescos recién puestos por las gallinas del corral que comen alimentos naturales y están ahí tan a gusto. También me dieron unos para que me trajera de vuelta a Madrid y me vine más contenta que unas castañuelas. Se nota la diferencia 🙂
Otra cosa que me encanta de la vida de pueblo es la cercanía y la amabilidad de todo el mundo. El sábado después de desayunar en una placita llena de naranjos, fuimos a hacer la comprar por varios negocios del pueblo. Saludamos a los guardias forestales como si les conociéramos de toda la vida y las cajeras, la panadera, el carnicero, las fruteras… se sabían los nombres de la familia de mi amiga y ellos los de todos ellos. Hasta nos regalaron unos caramelos y una barra de pan recién hecha. ¡Qué diferencia con la vida de ciudad!
Conclusión de mi viaje a Candeleda: vuelvo enamorada y con muchas ganas de volver. No dejéis de visitarlo, ¡merece la pena!
Y que unos días de campo… te curan de todo y te dejan siempre con ganas de más. ¡Gracias por invitarme Carlota! Y que tengáis todos muy buena semana.

 

2 comentarios

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  • Yo que no soy de pueblo estas cosas las valoro mucho – la gente es distinta – vas a un pueblo y vuelves cargada de cosas que te van dando! Me encanta…
    En candeleda estuve en un campamento de pequeña y con esas fotos dan ganas de volver…
    un beso!
    Ana