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IBIZA

El año pasado a principios de abril decidí irme en coche a recorrer Ibiza y aún hoy me acuerdo del viajazo que hice. Al ir en temporada baja la isla cambia completamente, aunque haga un sol cálido no hay casi gente en las playas, puedes recorrerte las calas escondidas prácticamente solo y puedes conocer a los verdaderos ibicencos. Mucha gente de toda España pasa el invierno en Ibiza porque tiene algo… Un desarraigo y una paz que merecen la pena. Es en esta temprana primavera cuando la isla se ve más mística y más espiritual que nunca. Los restaurantes más chic están aún cerrados y están abiertos los auténticos sabores de la isla. Los atardeceres son como si el sol se pusiera solo para ti. Con buena compañía el viaje es inmejorable. Sin postureo, Ibiza en estado puro.

Para no perder las buenas costumbres, la semana que viene parto hacia otra isla que promete. Con que sea la mitad de increíble me doy por satisfecha.

Nota: Las babuchas las compré en San Miguel a Dario Bomé, un italiano afincado en la isla que trabaja para vivir y no vive para trabajar.