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EL MUNDIAL DE SUDÁFRICA

Confieso que no soy una gran seguidora del fútbol, pero los mundiales siempre los veo porque me encanta el ambiente que se respira y por un tiempo (breve) me vuelvo una auténtica hincha. La nueva película de Clint Eastwood, Invictus, en la que se muestra cómo la nación sudafricana vuelve a encontrar su propia identidad en el equipo de rugby nacional, me ha dado mucho que pensar en cuanto al poder del mundial en general y en España en particular. Lo más interesante del evento es que por unos días, por 90 intensos minutos, toda la nación se une y las diferencias quedan aparte. El equipo cuenta con jugadores de diferentes equipos españoles y nos vemos todos representados, por ello cuentan con el apoyo de españoles que por un momentos están orgullosos de llevar su bandera y todo lo demás da igual, pero recondándole al mundo quienes somos y dónde estamos. Nos volvemos uno ante el mundo entero, la marea roja, somos poderosos y aunque el fútbol en sí te de absolutamente lo mismo, como es el caso, durante el mundial ves todos los partidos, gritas GOOOOL cuando marcan y sientes la derrota cuando pierden. Son días de orgullo nacional. Pero esto lleva a nuevas reflexiones como por ejemplo, lo importante que sería que tuviesemos un himno con letra que enterrara el pasado y nos proyectara a un futuro de orgullo. Es a través y desde los deportes y aficiones populares donde se crea una nación, es ahí donde estamos todos representados.